viernes, 13 de agosto de 2010

El comienzo


Aturrulladas conversaciones con nerviosos sorbos de humeante y amargo café. Ambiente colapsado por el humo que salía de los cigarros sujetados entre los sudorosos dedos. Cables, muchos cables. millares de lucecitas de colores y botones sobre paneles grises y negros. Última ojeada a los desordenados y manidos folios sobre la mesa. En 20 segundos estamos en el aire. Últimas sonrisas, últimos comentarios. Tres, dos, uno... Un 'ON AIR' rojo inundó de luz un rincón del estudio de radio.

El locutor daba la buenas noches a los oyentes; Michael White era toda una eminencia en el periodismo de investigación esotérica. Cierto es que a lo largo de su carrera, muchos lo habían tachado de sensacionalista, de inventor de fantasías, de ilusionista, de soñador...sin embargo, el lo veía todo de otra manera: muchos fenómenos paranormales que había presenciado, algunos de los cuales había ayudado a su resolución; contaba con infinitud de contactos muy respetados en el mundillo de lo misterioso; había incluso llegado a presenciar, invitado por el propio Papa Juan Pablo II al exorcismo de una joven el domingo de ramos en Roma, en 1982.

Introdujo una cortinilla musical, al tiempo que se quitaba los cascos y los bajaba en torno a su cuello. 'Primero te presentaré a ti, Marcus, hablas un poco acerca del tema. Después será el turno de Leno, y hacemos igual. Por último presentaré al Padre Gantt, que se encuentra en los estudios de Capital City' Marcus y Leno asintieron, con los cascos puestos. Eran las 1 de la mañana y fuera del estudio hacía un frío desolador pero estaban muy despiertos, nerviosos de salir por la radio, de saber que sus testimonios irían mezclados en los herzios que serían escuchados por multitud de aparatos de radio. Michael, se volvió a colocar los cascos, le dio una larga calada a su cigarrillo y esperó la señal del realizador al otro lado del cristal.

'El tema de esta noche, queridos radioyentes, es un tema que se remonta, casi podríamos decir, a la noche de los tiempos, cuando los primeros humanos vivían aún en cavernas, cuando todavía no sabían de las técnicas de cultivo y tenían que cazar titánicas bestias que les proporcionaran comida, ropa y utensilios hechos con hueso. En ese albor de la civilización empezaron los humanos a soñar, y vieron manifestaciones de la deidad en los fenómenos de la naturaleza: el dios del rayo, el del aire, las ninfas del agua, la diosa madre Gaia; pero con los sueños, también surgen perversiones y desde lo más profundo del incosciente colectivo nacieron, agazapadas, las pesadillas... Como decía, descendientes de aquellas tribus milenarias todavía existen en la actualidad, en el corazón de África: tribus que apenas si han variado sus formas de vida, sus costumbres, sus creencias, desde aquellos lejanos tiempos. Esta noche vamos a tratar en nuestro programa una creencia muy peculiar pero que se repite en muchas tribus centroafricanas: el mismo mito, distintas tribus, en la mayoría de las ocasiones, separadas unas de otras por cientos de kilómetros. Hablamos del mito del Ghé...'.

En los cascos se podía escuchar una voz en off que explicaba lo que era la figura del Ghé. 'En Occidente desde hace más de dos mil años, el plano sobrenatural y místico ha estado habitado por dos entidades: Dios, personificación del Bien, deidad protectora del género humano, que profesa un Amor infinito a Su Creación; en el otro lado de la balanza, el Diablo, el de las mil caras, el conspirador, el ángel más bello, caído por su orgullo...En Oriente podemos establecer una clasificación similar de entidades buenas y entidades perversas (los juguetones djinni, el perveso Iblis, el murmurador al-waswās...). Sin embargo, en las tribus más antiguas, no sabemos porqué extraña razón, la figura benévola del dios creador ha desaparecido, dejando sólo lugar para la existencia de espíritus malvados. Espíritus que en muchos casos comparten multitud de similitudes, por lo que los expertos no han tardado en declarar que son manifestaciones de un único ser demoníaco: El Ghé'.

El señor White dio otra larga calada a su cigarro, y, acercándose al micrófono, sus palabras parecían convertirse en el humo que dejaba escapar lentamente de su boca. 'El Ghé, como hemos escuchado, un ser demoníaco, un ser de las tinieblas que interactúa con el plano físico real...Para hablar sobre este tema, contamos esta noche con la inestimable presencia de tres hombres, tres grandes expertos en el Ghé. En primer lugar, le doy las gracias por estar esta noche aquí con nosotros a Marcus Phoenix, ex-comandante del Ejército, prisionero de guerra durante 15 años, y una de las pocas personas en el mundo que ha tenido la oportunidad, la gran suerte, de poder ver, no sé si al propio Ghé, pero sí al menos algunas de sus manifestaciones, ¿no es así, señor Phoenix?'

Marcus, tomó aliento y se acercó al micrófono. Su espesa barba negra cubría su rostro lleno de cicatrices y tostado bajo el sol día tras día. Su mirada, cansada pero sedienta de emociones, mostraban a un veterano aunque joven mando, que había trabajado durante muchos años para una subdivisión especial y secreta de la ONU. Ahora, tras su retiro forzoso, dedicaba su vida a la formación de los jóvenes que decidían subir de escalafón en la dura y quasi inamovible jerarquía del 5ª División Estratégica para la Paz de las Naciones Unidas. Una camiseta de manga corta verde con un escudo, una cazadora pasada de aviador marrón que reposaba en el respaldar de su silla, unos vaqueros regastados y unos tenis grises cubrían al corpulento y alto cuerpo del ex-combatiente 'Efectivamente Michael. Le puedo asegurar que a principio de los 90, mis hombres y yo nos enfrentamos a algo que no era de este mundo, que después supimos que era una manifestación de lo que los nativos llaman Ubuntu Ghé, que en lengua aborigen quiere decir "Aquello que es Oscuro y Terrible" Estábamos brindando apoyo a una misión humanitaria en una aldea al norte del desierto de Chalbi, a orillas del lago Turkana, un descargo de medicamentos y alimentos en un campo de refugiados, víctimas de unas de las muchas guerras civiles que sacudieron las fronteras del país desde finales de la Descolonización'.

Michael se revolvió en su asiento. Sus ojos estaban inflamados con aquella curiosidad que le había hecho hacer a lo largo de su vida cosas impensables. 'Cuéntenos exacatamente que es lo que pasó entonces'.

'Como he dicho, me encontraba dirigiendo las operaciones militares de seguridad en esa zona del norte del país, cuando de repente uno de los soldados cayó desmallado al suelo. Se me comunicó el incidente y di las instrucciones pertinentes para solucionar un caso de lo que pensamos en primera instancia, de desvanecimiento ocasionado por el sol y la deshidratación. El soldado en cuestión fue llevado al hospital de campaña y allí se le administró suero. Más tarde, esa misma mañana, me comunicaron que el paciente se agitaba violentamente, haciendo alarde de una fuerza sobrehumana: entre 7 hombres no pudieron retenerlo en el lecho donde debía reposar por mandato del médico militar. Me presenté personalmente en el hospital de campaña y el espectáculo fue aterrador: un soldado, retorciéndose en el suelo, haciendo diabólicas piruetas, giros, contorsiones, con los ojos cerrados, expresión de dolor en el rostro. Me acerqué al soldado y le pregunté si estaba bien. Al oir mi voz, el cuerpo quedó quito en el suelo, como si acabara de darle un infarto. Enseguida estaban atendiéndolo los dos médicos que había en la misión. No tardaron en confirmarme mis más temidas sospechas: el soldado cuyo nombre no tengo permitido decir en antena, acababa de fallecer de una parada cardíaca. Con ello, empezamos a preocuparnos, pensando que más soldados estarían aquejados de la misma dolencia. Las fiebres o lo que quiera que matara a aquel soldado se iba a cebar con toda la compañía. Decidimos salir de la tienda, y les aseguro que, pese a que era antes del mediodía, se hizo, literalmente, de noche. El cielo pasó a lucir infinidad de estrellas, la luna en cuarto menguante. El pánico cundió entre todos los presentes, perplejos ante aquél prodigio celeste. En un primer momento, numerosas voces se alzaron diciendo que era un eclipse total de sol. Encendimos algunas antorchas y las repartimos entre los presentes. Cogiendo una, corrí al puesto de radio y pregunté si había algún eclipse de sol fijado para aquel día, a aquella hora, en aquella zona. La contestación que me dieron por radio fue clara y desconcertante: '¿Pero de qué está hablando? Nos encontramos a escasos 20 km de su campamento y hace un sol de justicia' Nada cuadraba en mi mente. Al alboroto de los soldados que se econtraban fuera de las tiendas se unió uno mayor, procedente del hospital de campaña. Corrimos hacia allí, pero más nos hubiera valido haber tropezado por el camino habernos partido ambas piernas antes de ver lo que vimos.'

'Al llegar, un círculo de soldados, alarmados por las voces del resto de enfermos que se encontraban encamados en los jergones del hospital de campaña se situaban en torno al cadáver del soldado que falleció aquella mañana. El soldado que yacía muerto en el suelo, decían, había abierto los ojos instantes antes de que la luz solar nos abandonara. Me acerqué con el improvisado hachón y la cara del muerto quedó iluminada. Efectivamente, tenía los ojos abiertos de par en par, la boca levemente abierta, dejando caer un hilillo de saliva por la comisura de la boca. No me pregunten en qué me basé para llegar a la conclusión de que todo, la noche repentina, la enfermedad y muerte del soldado, todo estaba relacionado. Ordené que llamaran a los médicos, pues alguien comentó que podría haberse tratado de un episodio de apnea, pero que posiblemente ya se le hubieran restablecido las constantes vitales y el ritmo respiratorio. Todavía no habían llegado cuando, de improvisto, los ojos del soldado se volvieron blancos y, juro que lo escuché y lo escuchamos todos, dió un enorme grito que aterró a todos los prsentes: lo que dijo fue algo parecido a "PAPAR-PAPAR" para caer desplomado en el suelo, otra vez los ojos cerrados, otra vez el cuerpo exánime.'

'Ni en las peores pesadillas del más retorcido de los enfermos mentales habría tenido cabida el fantasmagórico espectáculo que vino a continuación: la tienda donde se encontraba el hospital de campaña se llenó, de repente, de lo que comúnmente se denominan espíritus, fantasmas, almas en pena...todas agitándose en círculos, como si un inexistente viento huracanado las gobernara, mezcladas con sombras, con lenguas de fuego, sombras y más sombras: las sombras estaban vivas, proferiendo gritos de dolor, alaridos, aullidos salidos de las tumbas del desierto. Con todo, no hubo viento ninguno dentro de la tienda, pues los fuegos de las antorchas no se movieron lo más mínimo, y gracias a eso pudimos contemplar estos pasmosos delirios. Todos los presentes, incluído yo, caímos a tierra, horrorizados ante tan macabra visiones, tapándonos los oídos y llorando, llorando desconsoladamente, llorando como el niño que ha creído ver un fantasma a través de la ventana. Nosotros lo vimos, y eran legión. Tan dantesco espectáculo duró muy poco tiempo, no creo que llegase al medio minuto, aunque a los asistentes nos pareciera eterno. Tal y como aparecieron, desaparecieron. La tormenta de gritos y alaridos ensordecedores, de repente, cesó: aquellas fantasmagóricas visiones se esfumaron, desaparecieron...Una vez pasó todo, la luz del sol volvió a iluminar la tienda a través de la lona del techo, y fue de dia otra vez. Les cuento la verdad, lo que estos ojos vieron, para que lo sepan los oyentes de su programa, para que sepan que existe algo, algo malo.'

Michael White no había perdido detalle y había seguido la narración de Marcus con una gran atención, tomando nota de rato en rato, a veces entornados los ojos, como intentando escrutar la mente del militar, como si intentara sacarle más información, como si hubiera algo que no hubiera dicho. 'Interesantísimo y escalofriante relato el suyo, Marcus' Marcus asintió con la cabeza. 'Sin embargo quisiera hacerle una pregunta, que probablemente algunos de nuestros oyentes se la estén haciendo: ¿Qué arrojó la autopsia del soldado?'

Marcus cerró los ojos un momento, y con los ojos cerrados, sus palabras se oyeron altas y claras, cargadas de una contundente desazón: 'Nunca encontramos el cuerpo'.

El relato de Marcus estremeció sin duda alguna a cuantos sintonizaron la radio aquella noche en el 878.5 de la frecuencia modulada. Micheal vio la necesidad de hacer una pausa de publicidad, tras la cual, y una vez que el ambiente volviera a un cierto estado de sosiego, podrían seguir dando sus testimonios. 'Impresionante historia, Marcus, de verdad. Hubiera dado lo que fuera por haber estado con usted en aquél momento'. Marcus, con la serenidad de un curtido perro de guerra, sonrió. 'Créame, amigo, yo digo lo mismo que usted pero en sentido inverso'.

Empezó a nevar fuera de los estudios de la KH Network en Metrópolis, mientras tanto, dentro, el realizador - un hombre de pelo cano y camisa hawaiana - le daba la señal a White de que iban a volver al directo en 3, 2, 1. 'Tras esta corta pausa publicitaria, seguimos hablando del tema de esta noche: el Ghé. Ahora contamos con la colaboración de un especialista de reconocida labor en temas sobrenaturales, perteneciente a una familia de renombrados exorcistas y combatientes de las sombras desde hace siglos. Buenas noches, Leno Belmont'.

El mero hecho de portar aquél apellido ya tenía ciertas oscuras connotaciones, pues se decía que la familia Belmont existía por y para el exterminio de las Fuerzas del Mal en la Tierra. Conocida es por todos la leyenda que vincula a antiguos miembros de su familia con el mísmisimo Conde de Transilvania, pero nunca nadie ha sabido si esa lucha contra Vlad Tepes ha sido más una leyenda medieval, un cuento de viejas, o si por el contrario se ha venido dando desde la Alta Edad Media.

'Debido al celo con que todos los Belmont en lo que se refiere a los asuntos que normalmente tratan, quiero ante todo darle las gracias a Leno y a su hermano Julius, que no ha podido estar hoy aquí por encontrarse de viaje por el archipiélago japonés'.

Leno, asintió con la cabeza. Pese a su corta edad, el benjamín del clan de matadores de vampiros parecía ser mayor, mucho más mayor que el resto de los chavales de su edad. Entrenado desde bien pequeño en la lucha con toda clase de armas por mandato del patriarca de la familia, nunca supo lo que era jugar con otros niños de su edad. En sus ratos libres o cuando no estaba entrenando, de dedicaba al estudio de antiquísimos volúmenes de magia blanca y negra, bestiarios, libros de astronomía, de amuletos, libros de saberes prohibidos, demoníacos...El Necronomicón y el Martillo de Brujas eran sus preferidos.

La seriedad y arrogancia del joven Belmont se hizo patente desde el primer momento. 'Hace tres años, me encontraba en el Bajo Egipto resolviendo cuestiones personales. Tuve que visitar algunos templos egipcios abandonados en mitad del desierto. Fue un viaje movidito, debido a la terca insistencia de los ladrones de tumbas: organizaciones enteras dedicadas al saqueo de antigüedades, sin respetar nada ni nadie ¡Cuántas reliquias de incalculable poder y valor se han perdido para siempre en las arenas del desierto! Como decía, estando allí oí hablar a los beduinos del desierto, con los que pasé largas temporadas, de la existencia de un Demonio del Desierto, al que denominaban Ghennikha o Dahaka. Hablaban también de regiones lejanas al sur donde estaba el lugar donde habitaba: Ghenhîah, lo que actualmente correspondería con el país de Kenia...Nótese la semejanza lingüística entre ambos términos /kenya/ y /ghenia/. El caso es que hacían mucho hincapié en representarlo como una figura humanoide y negra, salida de las mismas arenas del desierto, con cornamenta, al modo del Diablo cristiano. Para ellos representaba la Maldad de las Arenas'.

'Cuando regresé del viaje, me dediqué a buscar toda la información que supiera sobre aquella bestia surgida del mismísimo corazón del desierto. Certifiqué, con algunas pequeñas variaciones, todo lo que los beduinos me contaron acerca de dicho ser, pero aun así quedan insondables lagunas, páginas arrancadas de antiguos grimorios. Me dediqué un año entero a viajar por toda Europa, recorriendo las bibliotecas de las grandes ciudades: siempre encontraba algo, pero ese algo siempre era impreciso, una vaga referencia hasta que encontré una pista en la biblioteca de Praga que me sirv..'
'Lo siento muchísmo, señor Belmont, pero tiene que comprender que el programa se está alargando demasiado y todavía no ha aportado nada el Padre Gantt', Michael interrumpió a Leno. 'Termine brevemente y pasamos al último invitado'. El orgullo de Leno le hizo quitarse los cascos, ponerlos encima de la mesa dando un golpe, y quedarse de brazos cruzados, con los ojos clavados en los de Michael. 'Bueno, creo que eso es todo por parte del señor Belmont'. Leno era orgulloso, pero dentro de las paredes del estudio, su valía y su renombre de nada servían: estaba en los dominios del profesor White, y él era más viejo que aquél niñato maleducado, por lo que le debía un respeto.

'Padre Gantt, buenas noches'. El padre Daemon Gantt era un misionero que dedicaba, al igual que Michael, parte de su tiempo y sus esfuerzos en estudiar lo oculto. Sin embargo sus fines eran más piadosos: exterminando el Mal haría más grande y limpia la Creación. Él se enfrentaba al Mal como un instrumento de Dios, Él le había dado las cualidades y las habilidades innatas necesarias para doblegar, en Su Nombre, todo resquicio de maldad.

'Buenas noches, Michael, viejo amigo' Diciendo esto, el padre Gantt se colocó sus extrambóticas gafas y se arregló el traje de lino naranaja que había elegido para la ocasión. 'Aunque no pueda verte por econtrarme en Capital City, tengo que hacerte una visita a Metrópolis'. 'Claro que sí, Gantt, tenemos pendiente el café de la otra vez', rió a carcajadas el locutor.

'Bien, yo quiero cerrar tu programa de esta noche con algo espero que resulte espectacular. Dispongo aquí donde me encuentro de los materiales necesarios para establecer contacto con el protagonista de tu programa...voy a invocar al mismísimo Ghé, aquí en directo, para ti y para todos tus oyentes.'

'¿Eso que dices es verdad, colega? ¡Señoras y señores, esto es algo inédito en radio! Vamos a invocar la presencia, para que podamos escucharla, y si podemos, entablar algún tipo de comunicación con el mismísmo Ghé'

Marcus, que lo había oído por los cascos, increpó 'Con todos mis respetos, señor Gantt, pero en primer lugar dudo mucho que usted disponga de los objetos necesarios para invocar a la Bestia del Desierto' Al escuchar estas palabras de su compañero de mesa, Leno dió un bote en su asiento y se enfundó los cascos en las orejas '¡Deténgase, Gantt, en nombre de la Luz! No dispone de las medidas de seguridad adecuadas para invocar a ningun ser extracorpóreo, y mucho menos a la Sombra Negra. Déjese de fanfarronadas y deje esas cosas en manos de los profesionales: usted limítese a decir sus misas los domingos y ayudar a los pobres como manda su Iglesia...'
Una leve risilla venía del otro lado de los cascos...'Ya lo he invocado'

La emisión se cortó justo en este punto, dando paso a una música de espera que se escuchó en todos los aparatos de radio de todo el país.

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