lunes, 30 de agosto de 2010

What a thrill...


No recuerdo si fue Borges bajo la luz de la Cabalah el que dijo que la esencia de las cosas se encuentran en su nombre mismo: la palabra 'rosa' contiene todo el ser, toda la información sobre dicha flor. El término 'rosa' estaba formada por todas las rosas del mundo, las que existieron, existen y existirán.

Eso fue lo que se me pasó por la cabeza cuando volví a ver, después de años sin saber de ella, a la señorita Rachel Jung. Su apellido hacía justicia: la mente humana no tenía secretos para ella, o al menos eso era lo que parecía que quisiera dar a entender como estrategia intimidatoria. Desde bien pequeña sus padres se dieron cuenta que poseía una inteligencia inusual, una especial habilidad para ganarse a todo el que la rodeara, una empatía de la que ella no era consciente, pero que supo ir usando para ir consiguiendo lo que ella deseaba. Pese a los posibles visos de crueldad que a priori podrían intuirse, era su inteligencia el cochero que no soltaba las riendas de esos caballos instintivos y poderosos. A ella le debía todo su éxito en la vida. Había sabido jugarse sus cartas muy bien, subirse al tren preciso en el momento oportuno.

Lo dicho, era una mujer peligrosa, no por el hecho de haber nacido bajo el sexo de Venus, ni porque su talento natural para leer las mentes de los demás había sido perfeccionado con un Máster de psicología del comportamiento en la Universidad de Colate, en Metropolis City. Además, era una experta ejecutora. Si, si, sin ningún tipo de connotación: su trabajo consistía en matar de la forma más aséptica posible a las personas que yo le indicaba. Y que le indiaban otros. Porque era, ¡pásmese! bajo cuerda, cuando nadie la veía, en su oculta e individual intimidad, una asesina a sueldo, una 'killer' en toda regla, salida de una película en blanco y negro. Ella no pertenecía a nadie, era como la Muerte, libre, independiente, fría, sin ataduras por nada ni hacia nadie...y sensualmente letal. Eso era lo que me atraía y me repulsaba de ella.

Entró en mi despacho sin llamar, como tantas veces. Un vestido largo y negro, abierto por la pierna izquierda, que parecía querer imitar el color de sus largos cabellos negros , unos zapatos de tacón imposible y unos labios color Crimson Lake eran parte de su muy cuidada imagen. El resto era su serena belleza centroeuropea, sus modales parisinos, su humor inglés, su impulsividad mediterránea, así como un cuerpo cincelado por manos divinas. 'Todo está en orden en el Universo ahora. Hablé con él y vio que beberse el veneno él mismo era la mejor de las opciones. Salíamos ganando los dos', dijo ella sentándose y apartándose su larga melena a un lado...'¿Tengo el pelo bien, Angelinno?' Ella era una de las pocas personas que no se referían a mi por Angelo. Algo de especial había que tener, después de todo, nuestra amistad se perdía en la memoria, pese a que ambos sabíamos que en otra época peleamos en bandos contrarios y, en cierta forma, llegamos a odiarnos. Sin embargo de aquello hacía mucho tiempo, tanto que olvidados quedan los motivos de ese odio. No existe diferencia alguna entre el perdón y el olvido, pues son la misma cosa.

'Está pefecto. Pero dime, ¿sufrió mucho?' Sonrió y se inclinó hacia delante.'¿Por qué tanta curiosidad? Sabes perfectamente que acordamos que podía no contestar a aquellas preguntas que yo considerara improcedentes: yo sólo cumplo mi trabajo'. Su cara se ensombreció por unos momentos. Su carácter... Enseguida sonrió de nuevo, 'Quiso sobrepasarse conmigo, pero no sabía que en el bolso llevo algo más que un puñado de caramelos y el maquillaje',dijo, guiñándome un ojo. 'No me gustan esa clase de mamoneos; un paquete de pipas, siempre que invite él, y ya puede darse por satisfecho'.

Me estremecí en mi asiento: ciertamente su belleza era intimidadora, pero sabía dar en la fibra que más duele, sabía arrancar la nota adecuda del alma del que tuviera enfrente. 'Y otra cosa. Me he enterado por los pasillos que cierta gente me llama ASS: Asesina Sigilosa y Sexy. Espero que no estés tú detrás de esto, por que si no..' Se levantó, y empezó a caminar hacia la puerta, como ofendida. 'Si no, ¿qué?' Se volvió, con cara soprendida ante mi repentina insolencia. Su rostro tenso se relajó de repente, esbozando una cálida sonrisa. 'Sabes que nunca podría hacerte nada, Angelinno' Sonreí también, aliviado en cierta forma, pero aun sabiendo que al pronunciar esas medidas palabras mentía. Abriendo la puerta se giró y me lanzó un beso. Un sonoro portazo me hizo volver en mí. Miré el reloj. Eran las tres menos cuarto de la madrugada. Si el discípulo de Freud la hubiese conocido, habría cambiado el péndulo por aquellos hipnóticos andares.

Miss Rachel Jung's Theme - http://www.goear.com/listen/178600f/snake-eater-metal-gear-3

3 comentarios:

  1. revisado!!! solo he visto un fallo, y es que falta texto en el 3º parrafo me ha parecido ver ... a ver si lo puedes arreglar ^^

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  2. aejaejajejaej

    Mu weno, la has descrito justamente como es :P

    sigue con tus historietas :D

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  3. A ver qué te parece:

    Abrí los ojos aquella mañana, deslumbrado por la brillante luz que se colaba entre las roídas cortinas de mi habitación. Insuflaba bocanadas de aire a la almohada, mientras mi saliva se secaba entre las comisuras de los labios. Mi lengua me atraía un amargo sabor a alcohol y a un número ilimitado de cigarros.
    Me giré lentamente, mientras una jauría de tambores y trompetas debutaban en mi cabeza, y observé el reloj de la mesita de noche, parapetado tras una botella de vodka vacía. El reloj, si mis ojos no me engañaban tras la neblina de aquella resaca, marcaba ya el mediodía.
    Me incorporé lentamente y caminé a tientas hacia la cocina en busca de algo parecido a un café, o gasolina, o cualquier otro líquido que fuera capaz de devolverme un poco de serenidad. La muerte de Sian había sido un duro golpe, y no lo había encajado con deportividad. En lugar de eso, me emborraché dejando a mi hígado un bonito recuerdo de aquella noche, y lamentándome por los remordimientos que aullaban en mi mente como espíritus indignados.
    Mis pasos se dispusieron a poner rumbo hacia la cocina de forma subconsciente, pero mientras recorría de forma zigzagueante el angosto pasillo, unas volutas de humo flotaban en el aire de forma llamativa y sugerente. Mi cuerpo se despertó sobresaltado ante aquella fragancia que yo conocía demasiado bien.
    Sobre la mesa del salón había un cenicero de cristal de Murano, recuerdo de unas pequeñas pero merecidas vacaciones en Italia, que sostenía la colilla de un Luke Strike con el filtro besado por un carmín inconfundible. A su lado, un pequeño sobre blanco que no tardé en abrir.
    “Olvídate de Sian. Te espero esta tarde a las 20.00. Ya sabes dónde” Cada una de sus elegantes y refinadas letras tatuadas sobre el papel con la tinta de su Montblanc de plata, eran simples líneas que reflejaban sus palabras dentro de aquel misterio que descansaba en sus labios.
    Había entrado en mi casa. La persona más letal que conocía se había colado en mi apartamento mientras yo soñaba con ella. Un escalofrío recorrió mi espalda como un chispazo de 200 voltios. Tendría que aprender a dormir con un ojo abierto.

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